La castración puede cambiar las necesidades energéticas y el apetito, pero no hace que el aumento de peso sea un destino inevitable. Lo que aparece en la báscula resulta de la combinación de calorías ingeridas, actividad, edad, condición corporal previa, entorno y salud. El error más común es mantener automáticamente la misma ración mientras el perro empieza a pedir más comida o se mueve menos durante la recuperación.
El método más seguro es no cortar la comida a la mitad ni cambiarla el día de la cirugía. Significa registrar un punto de partida, respetar la recuperación, reevaluar las porciones con el veterinario y seguir la forma del cuerpo a lo largo de las semanas. Este artículo es educativo y no reemplaza la consulta veterinaria ni un plan nutricional individualizado.


