Cuando sube la temperatura, muchos propietarios piensan en cambiar inmediatamente de comida seca a comida húmeda. La lógica parece simple: los alimentos húmedos contienen más agua y parecen más frescos. En la práctica, sin embargo, la mejor elección depende de la salud del perro, de la dieta completa que ya recibe, de la cantidad consumida, de la conservación y de la disponibilidad de agua limpia. El calor cambia principalmente cómo almacenar, ofrecer y monitorear los alimentos; no crea una regla universal de que un formato sea superior.
Un perro sano puede continuar con una alimentación seca adecuada siempre que beba agua y mantenga la ingesta, la disposición y la condición corporal. La comida húmeda puede aumentar la ingesta de agua y resultar más atractiva para algunos animales, pero se echa a perder más rápidamente una vez abierta o servida. También es posible mezclar los dos, siempre y cuando se recalculen las calorías y el producto esté completo para la etapa de vida.


